Dignidad, conciencia global

 


                                                     © Alicia Cabrera



En marzo de 2007, CiÑe (Círculo independiente Ñ de escritores)
y Mandala & LápizCero ediciones convocaron la Campaña pictórico-literaria Dignidad, conciencia global, con los siguientes propósitos:

  • Lograr canalizar la sensibilidad de dibujantes y escritores para concienciar a la sociedad acerca de la necesidad de actuar contra el calentamiento global y la absoluta falta de respeto que nuestra civilización muestra hacia el medio ambiente, los seres vivos y la propia humanidad.

  • Queremos hacerlo desde la perspectiva del arte y la cultura, con la conciencia firme, sin color político ni ideológico, como una voz extensiva del sentido común y la responsabilidad.

  • Creemos firmemente que esta responsabilidad nos compete a todos, por lo que debemos ejercer una presión suficiente sobre aquellos que nos gobiernan para que escuchen nuestra voz y articulen urgentemente los pasos necesarios.

  • Nuestro empeño es la denuncia y el ejercicio contundente del arte para motivar una reivindicación legítima, general y urgente como ciudadanos responsables. Entendemos que somos ciudadanos activos, no consumidores pasivos.

  • Proclamamos que el ejercicio del arte y la literatura tienen evidentes connotaciones prácticas que deben ser atendidas ya que representan el sentir mayoritario no expresado o mal canalizado.

  • Pedimos cuentos breves, epístolas, pequeños ensayos, poemas y dibujos que expresen artísticamente la situación. Los textos son libres , con una extensión máxima de tres folios. Los dibujos deben ser en blanco y negro, escaneados, en formato jpg, con una resolución mínima de 300 dpi.

  • Escritores y artistas del Círculo independiente Ñ de escritores seleccionarán las obras recibidas y elaborarán un borrador para editar un libro en papel y formato electrónico que será publicado por Mandala & LápizCero, comercializado y distribuido a través de nuestros canales asociados.

  • Todos los participantes deberán adjuntar una nota cediéndonos los derechos de autor.

  • Las obras se enviarán a la siguiente dirección de correo electrónico:

dignidad.concienciaglobal@gmail.com

  • El plazo finalizará el 1 de marzo de 2008.

 

Debido a la escasa participación en la convocatoria y teniendo en cuenta que el premio de este concurso consistía en la edición y publicación de un libro en papel y formato electrónico, decidimos premiar de algún modo a los autores que habían participado, reflejando sus trabajos en nuestra página.

 

 

Gloria Muñoz-Campos García

 

"Gotas de agua"

 

LATE EL SOL

De agua y tierra soy.
Allí donde tú siembras,
manantial de mi sangre
nace sobre ese cuerpo virgen,
dentro de tu sonrisa luminosa,
con el brote de lluvia
que está naciéndose.
Y aún preguntas por qué
sin tus ojos
murió la aurora ayer.
Si no la miras,  
su tristeza se estira
entre las sombras. Llora.  
Crean sus lágrimas  
Un dolor. Una desdicha  
Errante, vagabunda,  
Mendiga de tus manos.  
Tócame y sentirás.  
Besa savias naranjas  
De mis huesos de agua,  
Que te buscan  
Para poder crecer. Escucha  
Ese latido que no cesa  
Debajo de tu vida, detrás  
De los recuerdos,  
Al margen de tu agenda  
Omnipresente, gris,  
Que grita ser ajena  
Al llanto de la tierra.  
Tacha los días, mata  
las horas necias  
en las que te dedicas  
a negarme.  
Estoy aquí y soy tú.  
Acércate a la piedra  
y escucha lo que canto,  
cómo se mueve el aire  
en tus arterias. Síes  
que nacen de otros síes,  
dándose el uno al otro  
porque sí. Arco sin flecha  
que se ala en azul  
y aletea, después,  
en océanos blancos  
de corales sin nombre.

Late el sol, presente,  
Sin un detrás oculto,  
Sin historia que abrir  
En el rayo caliente.  
Nutrido por sí mismo  
Y para ti. Quiero  
Es la palabra que te pide.  
Ya veo que anochece,  
¿no es bastante?, preguntas.  
¿Acaso si le hablo  
A la noche vibrarán  
Sus estrellas?  
Mía también una pregunta,  
¿no te dice la noche  
Que le nace a tu día  
Para que tú descanses?  
¿No te cuenta la estrella  
Que su brillo está ahí  
En vigilia a tu sueño?  
En cambio, cuando escribes  
Amor, me nombras siempre,  
Cabellos color sol,  
Montañas de tus pechos,  
Tu piel de luna y agua.  
Si soy en tus palabras,  
Soy también en tus manos,  
Tus ojos, tus caricias.  

Aunque quieras obviarme,  
Separarme no puedo  
De tu ser. Tu piel  
Está tejida con mis besos,  
Se gestó en el regazo  
De todas las simientes.  
Ahora, abrázame.  
Volvamos al principio  
De la vida.  

Gloria Muñoz-Campos García

http://gloria-comopecesenelagua .blogspot.com/ 


SILVIA LÁZARO

 

Extraigo de MICROMUNDO CON MELENA (POESIA SOCIAL) estos poemas:

 

HIPERCORTO: MUNDO

Obligados a callar aunque participemos:
Simulamos sonrisas,
sumamos deudas
y ganamos el respeto del que vota silenciado.

 

DE OTRO LADO

Las montañas tienen calles,
y la culpa la tienen los burros.
Ellos hicieron primero las veredas,
veredas que se transformaron en caminos,
caminos que dieron nombres a calles,
calles que surcan los montes:
montes urbanizados y señoriales.
Y la culpa la tienen los burros con cara de dólar.

 

Silvia Lázaro

 

 

Obed González

 

 

 

 

Roxana Heise

Ineludible verdad

 

Ayer soñé que morías y una mano invisible oprimió mi garganta hasta hacerme gemir.

Sin amor, dijiste por última vez y no eran palabras, porque todo lo dices a través de tu verdad, tu ineludible verdad. Al despertar tuve el impulso de correr hacia ti y coger algo, cualquier cosa que hubieras dejado como regalo en mi modesta casa, y fueron los geranios, las rosas, los tulipanes quienes me salvaron transitoriamente, porque no logro concebirme sin tus halagos de Diosa  temperamental.

Soñé que morías y el cielo se nublaba y no era una muerte rápida, era la agonía de una vida, de todas las vidas agonizando a la vez, despidiendo la podredumbre de los sueños más vanos, vaciados sobre las bragas del silencio.

Más de una vez intentaron asesinarte y tu venganza no tardó en llegar.

Soñé que morías y una mano invisible oprimió mi garganta; soy la tierra vida y refugio de tu humanidad. La evidencia de tu verdad me dejó atónito. Podrás vivir mutilada y yerma, despedazada quizá, pero no existirá hombre capaz de resistirlo.

 

Apuesta

Hagamos una apuesta: el primero que rompa un árbol gana (…) Luego se queda para siempre bajo el sol.

 

Esclavos

No me robes el agua mientras duermo la siesta, podrías morir accidentalmente si alguien te arrancara la máscara de oxígeno.

Recuerda que somos esclavos de la contaminación.

 

Roxana Heise

 

 

Mercedes Fernández

 

LLUVIA Y LÁGRIMAS

 

     -Se viene una linda tormenta, Raulito. Ayúdame a sacar los baldes.

     Raulito trajo los baldes y las ollas, los floreros y hasta la bañadera con ayuda de su madre.

     A través de la ventana miraban las nubes moverse como bocanadas de humo de tabaco. Hacía mucho calor y no llovía desde varios meses atrás, así que la promesa de una lluvia generosa los entusiasmaba a los dos únicos habitantes de la casita polvorienta, Raulito y su mamá.

     Miraban a través de la ventana con gran ansiedad. A la mujer se la oía rezar entre dientes, con los dedos de las manos entrelazados. Raulito veía a los perros desperezarse y caminar por el terreno seco y con poca vegetación o ninguna. Y arriba las nubes bailaban una danza con música de truenos, con música de tambores.

     Cuando comenzó el aguacero, la mamá le dijo a Raulito:

     -Hijo, cuando estén llenos salimos corriendo a entrarlos. ¿Entendiste?

     Raulito asintió con los ojitos más que con un menear de la cabeza y se arrimó a la puerta. Su madre la había abierto para no perder tiempo.

     -¡Raulito, trae el florero de vidrio, que ya está lleno!

     Raulito corrió bajo la lluvia y agarró el pequeño florero y lo entró a la casita polvorienta, que estaba recibiendo un buen baño.

     -Ahora me toca a mí –dijo la mujer y salió en busca de una olla.

     Raulito fue después por otra olla.

     Los dos fueron entrando baldes, ollas y cacerolas al interior de la casita. Pero, cuando la bañadera estaba llena y fueron juntos a buscarla, los perros, sedientos, les hicieron frente, gruñendo y ladrando.

     -Tienen sed, Raúl. Están furiosos porque le vamos a quitar la bañadera. ¡Hay tan poco agua en esta región!

     Raulito entró corriendo a la casita y salió con una olla de barro algo rota y se la arrimó a los perros sedientos.

     La madre perdió la calma y se enojó mucho y le gritó desesperada:

     -¡No les des el agua! ¡La necesitamos toda!

     Después cargaron la bañadera y la entraron a la casita. Una vez adentro, la madre lo miró con pena a su hijo.

     -Mira Raúl, perdona que te haya gritado allí afuera. ¿Sabes? El agua es un don precioso del cielo. Algunos pueblos como el nuestro no tienen agua en casi todo el año. Este desierto fue una vez un prado y un bosque. ¿Has visto las fábricas abandonadas y la represa seca? Toda el agua se la consumió la ambición humana. Y no nos queda otra cosa que hacer que ser un poco egoístas. Debiste pensar en todo eso antes de llevarle la olla a los perros.

      -Mamá –le explicó Raulito-, yo estuve pensando en los pobres perros y en lo pobres que somos nosotros. Y mientras pensaba oía la gotera del cuarto. Y mientras tú le rezabas al Dios del cielo yo tomé la olla de barro rota en que guardas tus hilos de coser y las agujas. La puse debajo de la gotera. Caía agua sucia con mosquitas y arañas del techo. Les di esa agua a los perros. Que Dios me perdone, pero ellos son más fuetes que las personas y las mosquitas y las arañas también les gustan. Como que se comen todo lo que encuentran porque están muertos de hambre.

     La madre escuchó conmovida la narración de su pequeño hijo. Lo abrazó y se puso a llorar. Raulito, muy sorprendido le advirtió:

     -No deberías llorar esos lagrimones, mamita, que el agua que cae de los ojos es como el agua que cae del cielo. Guárdala para cuando ya no caiga más agua del cielo.

Mercedes Fernández

 

M. Carmen Guzmán

 

CICATRICES

 

Queridísimo hijo:

                           Estoy tan herida, tal maltratada y débil que no sé si me quedarán fuerzas para escribir esta carta. Una madre ama a sus hijos aunque estos sean los más crueles asesinos, aunque sean ingratos y no le correspondan con el mismo amor.

                           Te he alimentado y educado lo mejor que he podido,  dado tierras para cultivar, regalado maravillas para contemplar, techo donde guarecerte y todas las buenas cosas que una buena madre sabe ofrecer a sus hijos ¿Qué a veces tengo mal genio? ¿Qué te he castigado cruelmente? Lo reconozco, es verdad, pero es que me has hecho tanto daño, me has puesto en tales  extremos que no he podido evitar estallar con furia de vez en cuando.

                           Tú y tus hermanos me habéis infligido heridas incurables, tantas, que mi cuerpo se ha cubierto de grandes cicatrices. Has quemado los  jardines  que te regalé, mermado los rebaños que heredaste y, lo que es peor, has luchado a muerte con tus hermanos, lo que más me ha dolido de todas tus maldades. Por eso, has de saber que una madre enferma ya no es capaz de cuidar de sus retoños porque perdió la fuerza y el vigor juvenil. Reflexiona, hijo mío: si yo muero ¿quién cuidará de ti? Mi piel, anciana y reseca

apenas puede hidratarse con mis lágrimas, porque tú, hijo ingrato, has hecho un mal uso de los tesoros que te entregué. No te quejes ahora de la sequía, de los terremotos, de los huracanes y demás tragedias: no son más que los estertores de mi propio cuerpo agotado.

                      A pesar de todo, y por encima de mis cicatrices, te amaré mientras mi corazón en sístole y diástole siga latiendo durante siglos y siglos. Tu madre.

 

Gaia, Pachamama, Geo, Tierra…como quieras llamarme.

 

                           

OTROS BOSQUES

 

 

                   Cuando llegó, el Sol no había descendido totalmente. Los escasos árboles empezaban a extender su sombra sobre la tierra ocre cubierta de ramas resecas y crujientes bajo sus pies. Ni una caseta, ni un árbol frondoso, ni siquiera una silla donde poder sentarse a vigilar, a esperar que aquellas veinticuatro horas siguieran su cansino caminar de bueyes resignados a la rutina.

                  Abrió el maletero del coche y sacó una mochila verde musgo, lo único verde a su alrededor. Un termo con café, una fiambrera de tres pisos, algunas galletas y una exigua nevera de plástico conteniendo refrescos era todo lo que tenía para ayudarle a soportar las horas venideras. Debía tener cuidado en repartir los líquidos y las viandas en sus correspondientes comidas: cena, desayuno y almuerzo, y en este mismo orden.

Eran como en el famoso poema de Lorca, las cinco en punto en todos los relojes, la hora en que los toreros se juegan la vida, como él, pero por un miserable salario. Y sin público que le aplaudiera.

                De la mochila sacó un libro, lo mejor para acortar el tiempo y paliar la soledad. Abrió las cuatro puertas del coche, para que el aire entrara como Pedro por su casa y saliera dejando un rastro de aroma campestre, pero nada, el coche era un horno. El tronco horizontal de un árbol—sabe Dios qué viento amargo pudo abatirlo—le sirvió de asiento y comenzó a leer. De su frente cayó una gota de sudor que emborronó las letras y formó surcos en el papel. Una cagadita de pájaro siguió el mismo camino. Crepitó la hojarasca, se movió una hoja y los árboles parecieron arder en un incendio sin llamas por el Sol que empezaba a marcharse.

 

                No podía, no debía arrepentirse de haber aceptado el empleo. Un salario miserable, veinticuatro horas de vigilia y doce de asueto, mínimo tiempo para asearse, comer algo y dormir. Y si no, lo tomas o lo dejas, esto es lo que hay y ahí está la puerta para marcharse, no te jode. Hay que vigilar la obra. Que nadie se lleve los materiales ni se nos metan ocupas ¿eh? y si ve algo sospechoso, nos llamas. Eso, pero el móvil, en lo alto de aquella loma, sin cobertura.  Estupendo. Tampoco era cosa de meterse en la obra: un proyecto de urbanización para ricachones que todavía no contaba con más techo que el cielo para pasar la noche que ya se iba acercando. Lo sabía por el escándalo de los gorriones peleándose por sus centímetros cuadrados de vivienda. No era aún de noche, pero como no podía hacer más cosas que sentarse, pasear, comer, beber o pensar, eligió lo cuarto y lo quinto: comer y beber, aunque el pensamiento se le disparaba por otros derroteros. Unas horas más tarde, cuando la oscuridad y el aburrimiento avanzaban, encendió un quinqué previamente colgado de un árbol y se dispuso a dejar pasar el tiempo. No quería dormirse en aquella soledad, en aquel silencio que empezaba a darle escalofríos.

                   Sin apenas darse cuenta, su pensamiento se fue convirtiendo en un soñar despierto, elucubraciones, recuerdos de su infancia. Pero entre las imágenes evocadas, se iban introduciendo cosas inquietantes que no quería recordar, intrusos, ideas descabelladas, fantasmas que no pertenecían a ninguno de sus mundos, ni a éste ni al suyo, tan distantes y distintos. Ni de de este país cálido del sur, ni del suyo, frío y semiestepario. Recordaba un bosque, no como el que le rodeaba, raquítico, sino inmenso, lleno de claroscuros, donde la fronda le llevaba entre susurros  por un túnel de hojas hasta desembocar en el frescor de un lago. Al fondo, unas montañas

 

coronadas por la nieve mientras un airecillo fresco empezaba a enfriarle el sudor. Se elevó hasta una nube. De pronto. Sin pensarlo.

                 Ingrávido y feliz, miró hacia abajo y vio a  un hombre apoyado en el tronco de un árbol. El hombre dormía apaciblemente. Reconoció su mochila verde y entonces cayó en la cuenta de que el durmiente era él. En un primer momento sintió miedo, pues pensó que había muerto, pero luego se tranquilizó al ver que su pecho subía y bajaba suavemente. Bueno ¿y por qué no disfrutar de este privilegio? Si floto en el aire, si no peso, si puedo volar ¿qué mejor manera de pasar esta noche tan larga?

                Con sólo un mínimo esfuerzo de su cuerpo empezó a moverse, sobrevoló el paisaje semiestepario donde reposaba su cuerpo dormido, pasó por encima de los raquíticos árboles que limitaban aquel terreno desecado, voló por encima de pueblos blancos que se destacaban sobre el ocre de la tierra y, por fin, divisó un bosque de pinos. Ya era de día, y el verdor de los pinares relucía como un cuadro impresionista: manchas, espejuelos en las hojas, remolinos de color y chispazos de luz desperdigadas en las sombras. Y sintió su olor, el olor del bosque, de la savia, el perfume limpio y sedante de los pinos, y escuchó el crujir de las agujas bajo el pisar de las bestias…y todas esas sensaciones se le metían en el corazón como un abrazo suave, cálido y fresco a la vez, sensaciones que lo llenaban de una extraña felicidad.

                  Sobrevoló todas las clases de bosques: de olivos, alisos, olmos, abetos, naranjos y limoneros; contempló enormes extensiones de árboles chaparros, divisó el techo impenetrable de las selvas, y poco a poco, el suelo ocre de las taigas y estepas.

Sufrió terriblemente ante los extremos desastres de los elementos: el fuego que convierte el verdor en desiertos inmensos, las aguas desbordadas llevándose las ilusiones, huracanes devastadores y temblores del corazón de la Tierra enojada. Quiso entonces ser lluvia bienhechora, cerro protector, hogar de afligidos, viento suave, e inmensa rama de un árbol

 

para cobijar al pobre ser humano que sufría allá abajo, pero entonces recordó su pobreza y nimiedad.

            Volvió a su cuerpo. Amanecía. De su mochila sacó el termo de café y unas galletas. Luego, cuando se sintió reconfortado, prendió un cigarrillo y comenzó a fumar. No terminó el gesto. Un cervatillo lo miraba con sus enormes ojos inocentes. Tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó repetidamente, hasta asegurarse de que estaba completamente apagado.

 

M Carmen Guzmán

 

 

Pedro Mirigliano

 

FUTURO (1994)


¿ Cuál es el futuro que le espera a la humanidad?, ¿ Existirá ese futuro ? No puedo inmaginar - soy escéptico por naturaleza - una imprevista toma de conciencia de la sociedad, no puedo creer que de la noche a la mañana se deje de contaminar el agua, que de repente se piense en el impacto ecológico antes de hacer o deshacer algo, que se dejen de aplicar recetas económicas, políticas o sociales donde el hombre, los animales, el planeta, tienen más valor como lote, piel o estadística, es decir , como bien utilitario, disociado de lo trascendente del espíritu y la vida, eje central en que se apoya el ecosistema.
Yo descreo de tanta tecnología cientificista, que en su contradicción destruye el planeta y vuelve salvajes a los hombres. ¿ Está tan alejado el saber de la sabiduría ?. Las personas que tienen en sus manos el control del mundo, que manejan las voluntades por medio de la electrónica, de las presiones políticas, económicas, del soborno o llegado el caso la represión: estas gentes ¿ nacieron de una probeta ? ¿ fueron huérfanos educados por una máquina ?, ¿ están imposibilitados de tener hijos ?, ¿ son inmunes a la contaminación ?, ¿ piensan morir mañana ?Se debe ser tan simple como una ameba para no darse cuenta que las condiciones, o ya debería decir, las posibilidades de vida, en virtud del extremo peligro, son mínimas; cómo piensan resolver el problema de mares muertos porque la contaminación les impide generar oxígeno ?, con qué van a suplantar los bosques, la selva amazónica?. Grandes zonas desérticas en un planeta recalentado, especies extinguidas, bombardeados por los rayos ultravioleta de un agujero cada vez más grande en la capa de ozono.
Millones de seres mutantes que luchan desesperadamente por sobrevivir, hambreados, indefensos, que chocarán violenta e inexorablemente contra ejércitos de otros millones de hambrientos al servicio de esos señores Amos del Mundo, que encerrados en sus grandes ciudades de cemento armado, hormigón y microchips, releen todos los días el debe y el haber de sus libros de contabilidad. Y después de esta última batalla donde se agotarán las últimas reservas de agua, oxígeno plantas y cordura, terminará por fin la vida sobre el planeta. Y tal vez se haya cumplido el sueño del tecnócrata: un planeta entero en silencio, donde todo permanece en un mismo lugar, con mudas chimeneas apuntando a un cielo muerto, donde todo puede ser sumado, restado: el inventario perfecto. Una gran maqueta, una gigantesca muestra de la estupidez humana.
¿ ese es el futuro que le espera a la humanidad , este es el futuro que nos espera o le legaremos al devenir ? Ojalá que no, yo espero que los jóvenes logren darse cuenta de cual es su compromiso y se hagan cargo cuanto antes de los destinos del mundo. Mientras tanto debemos aligerarles la carga educándolos con el ejemplo de intentar un mundo mejor.
La unica fórmula que conozco es RESISTIR, resistir a que nos laven la cabeza, resistirnos a ser hombres sin alma y sin conciencia. No resignarnos a seguir perdiendo espacios verdes, resistirnos a los que nos quieren obligar a ser soldados o esclavos. Resistirnos a una máquina que hace el trabajo de 14 hombres y los obliga a mendigar o talar árboles o cazar animales en vías de extinción para poder comer. Resistirnos a un mundo alejado de la naturaleza, que nos invade más y más de cemento y parece querer convertirnos en estatuas. Resistirnos a un mundo esquizofrénico que se aleja cada vez más del arte y el espíritu y reemplaza una charla, un buen vino, un paisaje, una protesta evadiéndose con máquinas de realidad virtual, que adormece sus sentidos con la droga, que prefiere ver dar vueltas al lavarropas a revolverse contra sí mismo.por eso resista; no se crea que es sólo un cliente. Usted es mucho más que eso.
Entonces RESISTIR, RESISTIR, para que el mundo sea más justo y el futuro posible.

PD. La frase de hoy es: " Hay épocas en la historia en que el progreso es reaccionario y la reacción es progresista." SCHOPENAHUER

Pedro Mirigliano

 


Oscar Marín Repollet

 

 

 

José Samper

 

Fuegos artificiales desde el planeta Melón

 

La última nave de exploración Solaris descendía lentamente en su plataforma. El cielo nocturno de Melón estaba despejado, y podían observarse con claridad todas las estrellas. Ataulfito miraba a lo alto elevando las antenas que sujetaban sus tres ojos, y esperando el momento que sabía que llegaría pronto, aunque aún mantenía una absurda esperanza de que no llegara. Pero de pronto llegó. Una estrella lejana, apenas un puntito sobre el horizonte, estalló difundiendo miles de luces, como si se tratara de un espectáculo de fuegos artificiales, iluminando el cielo de melón durante unos segundos, para luego dejar de nuevo paso a aquel cielo despejado y oscuro, en el que podían observarse con claridad todas las estrellas menos una “el Sol”. Ataulfito bajó su cabeza tristemente y retrajo sus antenas. Urraquita le miraba desde lejos, pero al fin decidió acercarse con su andar gracioso y rápido alternando sus tres piernas, y le acarició con sus antenas intentando consolarlo.

-        Tú no tienes la culpa de nada. En realidad esos seres eran horribles, y no lo digo sólo por su aspecto (su cabeza pequeña y sin antenas, con sólo dos ojos incrustados en medio de su frente, y con sólo dos piernas y dos brazos ¡Puaj!), sino por su forma de pensar y actuar, continuamente guerreando entre ellos, maltratándose y matándose los unos a los otros, contaminando y destrozando su propio ecosistema hasta que al final, ya lo has visto, el resultado final era inevitable.

-        Sí, supongo que tienes razón, pero he pasado mucho tiempo estudiándolos y no puedo evitar sentirme triste… ¿Te he contado lo que hacían cuando se sentían tristes?

-        No

-        Verás, hacían unos sonidos extraños con instrumentos que ellos fabricaban, e incluso con sus propias voces, o con sus manos, chocándolas unas con otras…lo llamaban “música”; y a la vez que hacían esa “música”, comenzaban a moverse de forma extraña y graciosa, con sus dos brazos y sus dos piernas, le llamaban “bailar”

-        ¿y con eso combatían la tristeza?

-        Sí, así es.

-        Ya lo ves, otra prueba mas de lo absurdos que eran

…..

-        Escribían

-        ¿queeeeé?

-        Hacían una serie de garabatos sobre una superficie lisa  y transmitían de ese modo historias, formas de pensar, o sencillamente mensajes que se transmitían de unos a otros

-        ¿y para qué?

-        Bueno, es que ellos no tenían órgano telepático

-        ¿Noooo?, ¿y cómo se comunicaban?

Pues por medio de esos garabatos o por la voz

-        ¿Y se entendían los unos a los otros?

-        No siempre

-        ¡Vaya!, eso explica muchas cosas

-        Si, supongo que sí

-        Bueno, ahora ya todo es inútil. Olvídalo

-        Ya, pero no puedo dejar de pensar si hubiera podido hacer algo para evitarlo

-        ¿Algo como qué?

-        No se, quizás enviarles un mensaje en su forma de escritura.

-        Seguro que no le harían ni caso, de hecho, han tenido miles de mensajes; desaparición de especies, desertización, cambios climáticos, pérdida de la capa de ozono… ¿Por qué iba tu “mensaje” a dar mejores resultados que los otros?

-        Tienes razón, no creo que diera ningún resultado, pero al menos mi conciencia estaría más tranquila. Gracias por telepatear conmigo un rato Urraquita, me siento mucho mejor.

-        De nada Ataulfito

 

Cuentos de duendes

Era un día caluroso de verano; el sol jugaba a encontrarnos con sus rayos a través de las escasas rendijas que dejaban las ramas de los árboles; tras una larga caminata decidimos parar a descansar en un claro del bosque; Gumersilda sacó los alimentos de la cesta y los dispuso sobre una piedra plana con forma de mesa; nos sentamos alrededor y comimos y bebimos como si lleváramos días sin hacerlo. El viejo Arameo se tumbó a dormitar a la sombra; yo pretendía hacer lo mismo, pero los niños empezaron a saltar a mi alrededor gritando:
- ¡Papá cuéntanos un cuento! ¡Papá cuéntanos un cuento!
- ¡Está bien! ¡Está bien! Os contaré el cuento de la pequeña Gilda. Érase una vez…
- ¡Ese ya lo has contado! –dijo Juanito
- No tonto, es que todos los cuentos empiezan así –contestó Martita
- ¿Y porqué todos los cuentos empiezan así?
- ¡Vale niños! ¿Me dejáis continuar?
- ¡Sí pero no digas “érase una vez”!
- ¡Vaaaaale! Pues: éras…¡Uy perdón! Pues, la pequeña Gilda era una niña muy bonita y muy simpática a la que le gustaba pasear por el bosque y cada día sus paseos la llevaban más y más lejos, a pesar de que sus padres le habían advertido de los peligros de alejarse de casa.
- ¿Y qué peligros eran esos? –preguntó Juanito
- Pues ya sabes, hay animales salvajes que podrían comérsela, se podría perder y no saber volver a casa, podría comer setas venenosas…En fin, aquel día Gilda se alejó demasiado y llegó al límite del bosque; vio a lo lejos unas bonitas flores y salió para recogerlas; y cuando estaba distraída recogiéndolas, apareció el más horrendo de los monstruos
- ¡Un trasgo! ¡No, no! ¡Un ogro! ¡O un dragón! –gritaron los niños casi al unísono
- No, peor, mucho peor ¡Un humano!
- ¡Ooooooh!
- Si un terrible humano de cuatro patas y dos cabezas que echaba humo por la boca
- ¡Jajajajajaja!
Las risas procedían del viejo Arameo que se acababa de despertar
- ¿De qué se ríe, papá?
- Pues, no lo sé hijo
- ¡De qué se va a reír! ¡Pues de que todo el mundo sabe que los humanos no existen!
- ¡Ya salió la lista de Martita! ¡Pues claro que existen!
- ¡No, no existen!
- ¡Si, si existen!
- ¡No existen
- ¡Si existen!
- ¡Niños! ¡Niños! ¡Dejadlo ya! ¿Y tú de qué te ríes Arameo?
- Jajaja, perdonadme, pero es que jajaja no lo he podido evitar ¡Un humano de cuatro patas y dos cabezas que echaba humo por la boca! Jajajaja
- Pero Arameo, algunos eran así, están descritos en los libros
- Los humanos son seres imaginarios, como los hipopótamos
- ¿Qué es un hipopótamo?
- Jajajaja, ¡Basta niños por favor! No me hagáis reír más y os lo explicaré todo
- ¡Eso eso! ¡Explícanoslo!
- Entonces, ¿A nadie le interesa lo que le pasó a la pobre Gilda?
- ¡Calla papá! ¡Háblanos de los humanos abuelo!
Así que fruncí el ceño, me crucé de brazos y me senté de espaldas a ellos fingiendo no oírlos. Gumersilda me miró y sonrió moviendo la cabeza de un lado a otro.
- Muy bien niños; para empezar, los humanos sí existen; o al menos existieron, la verdad es que hace más de 500 años que no veo ninguno. Pero no es cierto que tuvieran cuatro patas y dos cabezas, lo que ocurre es que a veces se desplazaban montados encima de otro animal que se llamaba caballo
- ¡Eso tampoco existe! ¡Son unicornios sin cuerno!
- Jajajaja, así es Martita, son como unicornios sin cuerno, y sí existen, de esos sí vi. uno hace pocos años; pues bien; los humanos se subían a ellos y se trasladaban así de un sitio a otro; la primera vez que uno de los nuestros vio a un humano sobre un caballo, pensó que se trataba de un único animal, y así dedujo que tenía cuatro patas y dos cabezas; pero en realidad los humanos tenían sólo dos patas y una cabeza, y dos brazos con dos manos, casi igual que nosotros, solo que de mayor tamaño. ¡Ah! Y tampoco tiraban humo por la boca, bueno sí lo tiraban pero no lo producían ellos; lo que ocurre es que quemaban unas hojas secas que retorcían en forma de palito, aspiraban el humo y luego lo tiraban por la boca, y a eso lo llamaban algo así como “formar un putillo”
- ¿Y para qué formaban putillos?
- No lo sé, supongo que para asustar. La verdad es que eran bastante raros
- Pero, ¿Eran tan horribles y sanguinarios como cuentan?
- Sí, eso sí ¡Ya lo creo! Mataban por placer, pero además también se mataban entre ellos; y no uno contra uno como ocurre con algunos animales que se pelean por defender su territorio no; lanzaban enormes bolas de fuego y mataban a decenas de humanos arrasando además a todos los animales y plantas que encontraban a su paso
- ¡Ala! ¡Te has pasao Arameo! ¿Por qué iban a hacer algo así? Todo el mundo sabe que si destruyes todos los animales y las plantas de una zona te acabas muriendo tú porque te quedas sin comida
- Así es Martita, pero ellos por lo visto no lo sabían, ¡Y se llamaban a sí mismos “seres racionales”! Mi abuelo Sisebuto estudió mucho a los humanos; escribió varios libros y muchas teorías sobre ellos, pero al presentarlas a otros estudiosos como él, se las rechazaron por absurdas; y sí, realmente eran absurdas, pero mi abuelo Sisebuto siempre decía que los humanos eran así. Al parecer, eran muy curiosos, pero muy tontos y tenían mucha imaginación, de forma que se hacían una pregunta y cuando no sabían cómo responderla se inventaban la respuesta y se la creían; y lo que es peor, la defendían y estaban dispuestos a matar a quien no pensara como ellos
- ¿Y qué preguntas eran esas?
- Siempre se estaban preguntando sobre quién había creado el mundo y a todos los seres que en él habitan
- ¡Vaya chorrada! ¡Si se preocuparan más de conservarlo en lugar de pensar en quién lo había creado…!
- Así es Juanito, tienes toda la razón. Además; como no se ponían de acuerdo sobre quién lo había creado y cada uno quería imponer "su verdad" acabaron matándose unos a otros en grandes guerras y batallas
- ¡Todo lo que dices son disparates! ¡A ver! ¿Dónde están ahora esos humanos?
- Pues, la verdad es que no lo sé; pero si te soy sincero, tampoco quiero saberlo; con suerte igual se han acabado matando los unos a los otros y no ha quedado ninguno. Bueno, mi abuelo Sisebuto no pensaba así; él acabó cogiéndoles cariño.
- Pero ¡Cómo se les puede coger cariño a unos seres así!
- Mi abuelo decía que eran capaces de inventar historias maravillosas igual que nosotros, y además creaban música como los elfos, y pintaban preciosas escenas en lienzo y en papel y transformaban el paisaje creando bellos jardines, y lagos, y estanques, igual que las hadas; y además fabricaban máquinas como los enanos, pero mucho mas grandes; algunas de ellas volaban, rugían y lanzaban esas enormes bolas de fuego como los dragones; otras eran como enormes casas que se movían sobre el mar; y otras por debajo del mar; igual que las sirenas y los tritones; tenían una especie de pantallas donde veían imágenes, parecidas a las bolas de cristal de las brujas. Además, en algunos de sus libros escribían sobre nosotros
- ¿Y que decían de nosotros?
- Pensaban que teníamos poderes mágicos y que estábamos escondidos acechándoles en todo momento
- ¡Jajajajaja! ¡Estaban locos esos humanos!
- Además, muchos de ellos pensaban que éramos seres imaginarios, que no existíamos en realidad
- ¡Jajajajaja! ¡Definitivamente, nos estás tomando el pelo abuelo! Todo lo que dices es una sarta de tonterías sin sentido. Los humanos no existen y nunca han existido.
- Ojalá tuvieras razón Martita; muchos de nuestros sabios piensan que ellos son la causa de que se estén reduciendo nuestros bosques y nos vayamos quedando poco a poco sin sitio para vivir
- ¡Anda ya! ¡Papá porfa! Sigue con tu cuento
Sonreí y me volví triunfante al fin
- Ya te lo he dicho muchas veces Arameo; esas historias de tu abuelo son demasiado absurdas y fantasiosas, nadie se las traga, ni siquiera los niños; ¡Pues bien!; como os decía, un terrible humano de cuatro patas y dos cabezas se apareció tirando humo por su boca ante la pobre Gilda…
- ¿Por qué boca? ¿Por la de una cabeza o por la de las dos?
Arameo se encogió de hombros, sonrió y se volvió a tumbar a la sombra.

José Samper

 

Josune Rey Aurrekoetxea

 

Un producto, un segundo

 

Cuando los niños y a las niñas de la escuela de mi barrio recogen los envoltorios de usar y tirar de sus meriendas de las manos de las abuelas teñidas y de los abuelos absortos, se produce un silencio crujiente. Los envoltorios de los Crunchis, Paskis y Muskis rebosan la papelera que cada mañana vaciará el barrendero a las siete y cuarto, antes de que vuelvan a llenarla esos mismos críos con los envoltorios de los Prekis, Gubs y Flandis. Esos desayunos que se comen-beben a todo correr por las aceras son administrados por las mismas abuelas, pero con la marca de la almohada todavía pegada a sus cabellos rubios. Los abuelos trotan metidos en sus sueños. Nada hace pensar que alguien note el sabor o la textura de una fruta exprimida dentro del bote de plástico, de la energía del cacao y los cereales del otro, de los componentes para que suban las defensas metidos en esa otra botellita, de la leche y el zumo juntos en un brick brillante o de las galletillas cada una metida en su celofán.

El barrendero de mi barrio es un hombre metódico que vive agobiado por los horarios de expulsión de envoltorios de esa escuela y del instituto de enfrente a donde acuden  devoradores de Vayas, Guachis y Olalás, los productos de moda para adolescentes inconformistas.

 

Papá no ha muerto. Está en el coche ganando dinero en ese atasco eterno en el que viven los taxistas. Papá vive cronometrando el tiempo, tictactictac. El tiempo que lleva a casa los euros para tantas cosas: hipoteca, tele nueva, la ortodoncia de la cría. Mamá no está de brazos cruzados. Está en el centro comercial. Es cajera por horas rodeada de aire inexistente, de luz chillona y de miles de productos que pasan por sus manos con un pitido. Sobre todo, los mencionados Paskis, el snack de tus mejores momentos, y los Bifisis, dos al día, buenos para el tránsito, el colesterol y la caída del cabello. Un producto, un segundo. Es el lema de la cadena comercial. Y Mamá está de acuerdo: cada segundo cuenta, porque la comida sube, y la ropa no te cuento y también está la dichosa ortodoncia de la cría.

 

Josune Rey Aurrekoetxea

 

 

Josean Aparicio

 

Necesito el blanco soporte de este papel para expresar lo que siento.
Necesito mi dosis de frío metal y de cables, 
de cemento y ladrillos, 
de energías transformadas en luces y metacrilato…
Necesito grandes dosis de tierra fértil. Arroyos de agua clara. 
Necesito los bosques. 
Y el Sol, el aire… 
y la lluvia.

Necesito dejar una huella que me haga sentir infinito 
-tratar de huir de esa cualidad efímera inherente a la propia existencia-.

Y por esos tubos, grifos y cables, 
-e incluso en este papel-
se nos escapan día a día la lluvia y los bosques,
los arroyos y la luz… 
También un poco la vida,
y tal vez esa porción de alma finita que un día formó parte de aquel paisaje que ahora huye por las cañerías y los deshechos.

Josean Aparicio

 

 

 

 

[efemérides]