Inicio    ¿Qué es CiÑe?   Publicar     Autores en CiÑe     Catálogo    Librería Virtual     Efemérides     Contacto

Inicio      ¿Qué es CiÑe?      Publicar      Autores      Efemérides      Librería Virtual      Arte y diseño      Catálogo      Contacto

 


 

 

 

1.El punto de la belleza que se fuga

 

Quizá deberíamos temer el punto de la belleza que se fuga, Alma, aunque es mejor no temer excepto al propio miedo. Pero tú que hablas con rosas en el pensamiento, adornando el manantial de tus palabras, seguro que entiendes mi intención.

Me baso en la fuga del tiempo, en la ilusión del espacio y en los géneros inconclusos que suenan como conchas vacías.

El mar se fue hace mucho tiempo en brazos del viento y ahora el manto del desierto cubre la piel de un rasgo imaginado apenas.

El punto de la belleza que se fuga.

Me oculto en los rincones donde no puedes ayudarme aunque te pongas a recitar en argentino porque una estrella fugaz te golpeó la cabeza y se te lastró un sueño.

Pero sabes que te espero detrás de la incertidumbre.

Ojos de anhelo, piel de porfirio, sonrisa que se aleja tras la fuga de una sonrisa.

No se puede dejar escapar el momento y esperar mirando el columpio de la luna. Mejor pisar la hojarasca sonora dejándonos llevar por el entresueño, sin saber a ciencia cierta si estamos despiertos o en el flujo de la creatividad universal.

Pero sabes que te espero detrás de la incertidumbre. Dentro de los jardines de cerezos azules, cerca de los estanque de tinta azul, escribiendo en papel de pasta de nenúfar para que creas que caminas por un país desconocido aunque nunca hayas salido de tu casa.

El punto de la belleza que se fuga.

Me oculto en los rincones donde no puedes ayudarme aunque te pongas a recitar en argentino porque una estrella fugaz te golpeó la cabeza y se te lastró un sueño.

Quizá deberíamos temer el punto de la belleza que se fuga, Alma, pero tú que hablas con rosas en el pensamiento, adornando el manantial de tus palabras, seguro que entiendes mi amorosa intención. 

 

 

 

 

2. Interloquio

 

 

Al observar su imagen en el espejo pensó en ponerlo del revés, pero ella captó toda su atención mojando el extremo de su afilada pluma en el tintero.

La observaba desde el ángulo obtuso. Le gustaba adoptar posturas imposibles.

          El loto azul comenzó a dejarle los labios resecos y él supo que aún podía recuperar su cetro. Recordó entonces las largas noches de insomnio, describiendo voces vibrasonantes, mientras la observaba, inmóvil, escribiendo su destino.

          No pronunciaron palabras.

Reinó el silencio.

Se miraron unos segundos, durante largo tiempo, como el zorro que se cruza en el sendero del bosque.

          Escuchaban el silbido del viento, los breves renacuajos y las libélulas, más allá de las caléndulas.

          Llevaba la blusa negra, la del perfume de sándalo, como en un presagio, cubriendo su cuerpo desnudo. Sabía que la necesitaría tarde o temprano, “no más de dos años”, decía, cuando se impregnaba de tristes canciones en el rincón de un antro, esperando el milagro.

Pero siempre le reconocía.

          No pronunciaron palabras.

Entonces ella se evaporó entre tintas de color azulado, como el intenso perfume del nenúfar azul, como mil palabras imaginadas sin haberlas pronunciado, se evaporó dejando su alma, pensando en no dejarle solo.

          No se entristeció. Alma se había quedado. Le acompañaría en la búsqueda de su propio silencio.


 

 

         3. Alma

 

 

 Alma, ¿dónde te escondes?

Borracho como estoy no te distingo en la niebla.

¿Quieres frases cortas con puntos definitivos intercalados? No soy el bailarín que tengas que emular. Yo no imito a nadie. Tengo un corazón que discrepa a lo largo del viaje. Apenas puedo escribir. Me consumo teniendo el iris ante mis ojos. Pero estoy ciego. Estás ciega. Me dejarás solo en el valle de las opiniones lacrimógenas. Buscarás tu ración diaria de carpe diem. ¡Qué me importa, Alma! Ya te he dado todos los términos de referencia. Como a nadie.

Alma, ¿dónde te escondes?

Borracho como estoy no te distingo en la niebla.

         No puedo pedirte nada. ¿No lo ves? Estoy en el cementerio de los elefantes. Tengo una memoria dolorosa. Puse tanta en fe en ti… Pero eres como ellos, te quejas, buscas al bailarín, tu ración diaria, tu pose, tu derecho, tu tributo… No sé bailar, Alma, como un niño que apenas puede caminar con una edad equivocada. No conoces la soledad del guerrero que espera inútilmente en la frontera. Casi te muestro mi secreto en la montaña. Ni siquiera una mención. Mejor así. Te quejas. Reuniones. No hay un lugar a donde ir.

Me vendes. Te vengas. Tu carpe diem. A cambio de una falsa providencia.

         Déjalo. Da igual.

         Alma, ¿dónde te escondes?

Borracho como estoy no te distingo en la niebla.

No me amas. Solo te buscas a ti misma. Yo vi tus ropas transparentes. Tú solo el negro de mis ausencias. ¡Cómo te burlas! ¡Cómo me dueles! No sabes lo que es el amor. Tu carpe diem, tu ración diaria, tu belleza desusada, las perlas a los cerdos. El silencio compungido. La sonrisa prieta. Los muslos que se abren. La amalgama vertical. Estrellas fugaces en un bol transparente con sabor a ginebra. Como todos los demás. Con tus aires especiales de chica ignota.

No conoces la soledad del guerrero que espera inútilmente en la frontera.

Ya solo bostezo mientras me consumo viendo el pasaje de películas repetidas. He fracasado. Hablo un lenguaje inútil. No puedo mantenerme en vilo. Se rasgó el velo. No hay un mañana que florezca ingenuo y novedoso como un racimo de souci sin ambages. Trémulo y estable. Real. Para variar.

Todo es mentira. Déjalo. Da igual.

          Alma, ¿dónde te escondes?

Borracho como estoy no te distingo en la niebla.

He vuelto a caer en la ignominia. Me dan ganas de pasar la página y suplir el índice de un modo inseguro, como las olas que se benefician de un baile natural y dudoso.

           ¡Qué fracaso, Alma! Eres como ellos. Reclamas tu beneficio, ostentas tus privilegios y hablas de lugares sagrados y secretos. Casi te muestro mi secreto en la montaña. Ni siquiera una mención. Mejor así. Te quejas. Reuniones. No hay un lugar a donde ir.

No volverás a verme nunca más porque tu rostro adopta una forma innombrable.

Me vendes. Te vengas. Tu carpe diem. A cambio de una falsa providencia.

No conoces la soledad del guerrero que espera inútilmente en la frontera.

¿Quieres frases cortas con puntos definitivos intercalados?

¿Quieres aniquilarme?

Renuncio. Tu sombra ajena. Tu falso cansancio estéril. Tu vacuo discurso. Tu fe inconclusa. Tu prodigalidad severa. Tu falsa sumisión. Tu generosidad delicuescente. Tu pensamiento en otro lado. Tus mentiras cuando suena el teléfono y crees que puedes engañarme. Tus pasos inseguros. Tu actitud encubierta.

¡Déjame en paz! ¡No existo! ¡Es tu sueño! ¡Caíste en el abismo del corazón! Yo nunca estuve allí. Ni siquiera pienses que fui un personaje de tu imaginación enfermiza. No quieres a nadie. No puedes amar.

Vive tu carpe diem mientras el mundo se apaga.

Consta en los anales. Revísalo. Todo está muerto. Tú solo eras un proyecto.

¡Despierta y vuelve a soñar!

Alma, ¿dónde estás?

Borracho como estoy no te distingo en la niebla.

 

 

 

 

4. La caverna

 

 

¿Quieres volver a la caverna?

         Sí, la de las ideas.

         Todos hablan de ella.

         Algunos salieron para plantar caléndulas, pero se las comieron los pájaros. ¿Sería una premonición?

         Tal vez... las caléndulas.

         Habían sido plantadas con amor, sembradas desde la semilla tierna, esperando crecer y convertirse en las flores de la maravilla, del inusitado desvelo, de la belleza.

         Pero se las comieron los pájaros.

         ¿Sería una premonición?

         Esperaban la primavera.

         Alguien salió de la caverna para plantar caléndulas.

         Necesitaba algo de belleza, algo de amor.

         Y se las comieron los pájaros como en una premonición.

         ¿Quieres volver a la caverna?

         Sé que estuviste allí, también, con tus ideas.

         También tú saliste a plantar caléndulas.

         Sería una premonición, un desvelo.

         Esperabas la primavera.

         Las plantaste con amor, esperando descubrir la maravilla y el inusitado desvelo.

         Pero se las comieron los pájaros.

         ¿Quieres volver a la caverna?

         También yo estuve allí, con las ideas,

         Salí para plantar caléndulas.

         Pero se las comieron los pájaros.

         ¿Sería una premonición?

         Esperaba la primavera.

 

 

 

 

         5. Alif

 

 

           ¿Viste el alif? Se dibuja como una pequeña ventana abierta sobre el negro. Debes enmarcarlo en negro. Pero esto no es un síntoma de lo que está ocurriendo. Más bien era una rendija abierta al hálito en el que estábamos inmersos.

Sin embargo, ocurre siempre lo mismo.

Cuando se brinda la oportunidad uno no está preparado para coger el testigo. Es una historia muy vieja que tú glosaste ya hace tiempo.

Te lleva a la dimensión que no estás dispuesta a asumir. Has estado jugando, como los absurdos programas a los que das rienda suelta. Los valores repercuten en tu ánimo apenas desarrollado, como un sueño adolescente que viene y va.

Lo vi hace ya algún tiempo. Lo esperaba. Es normal. El cauce habitual de lo consuetudinario.

No experimento tristeza. Es un prurito antiguo. Llegan a cansarte las palabras que, en otro tiempo, prometían tanta importancia.

Ese es uno de los significados de ser humano.

Impermanencia.

Se acusa el cansancio. Por eso golpeé la puerta de las representaciones ambiguas; sé que la verdad se va como la espuma cuando se rige por el deseo.

No es lo que tú piensas.

Tienes que hacer todo el viaje; solo asumes la parte infantil, la que, con todo el derecho, te lleva a tus pequeñas catástrofes no exentas de alguna utilidad.

Muchos sabemos ya lo que ocurre antes de que tenga lugar el proceso.

Procura no ser tan altiva, no hay seguridad, nadie puede asegurar nada; promete solo lo que no es posible.

Es el caso.

Pero te viene grande tu pequeña incursión en los ámbitos que ya están girando hacia otra parte, donde tu imaginación es una nínfula, casi una crisálida.

            ¿Viste el alif? Se dibuja como una pequeña ventana abierta sobre el negro. Debes enmarcarlo en negro. Pero esto no es un síntoma de lo que está ocurriendo. Más bien era una rendija abierta al hálito en el que estábamos inmersos.

Sin embargo, ocurre siempre lo mismo.

Cuando se brinda la oportunidad uno no está preparado para coger el testigo. Es una historia muy vieja que tú glosaste ya hace tiempo.

El cauce habitual de lo consuetudinario.

 

 

 

 

6. Lo que cambia y lo que permanece

 

 

Creo que volvemos a perdernos entre los errores de la apariencia. Dices que soy infantil, pero no basta con crear figuras fantasmagóricas para escapar de la realidad que asusta.

¿Qué es lo que cambia y lo que permanece?

Te apresuraste al crear una imagen demasiado fugaz, pero todo tiene una explicación. Es posible que lo desconocido te haga sentir débil, pero no tienes que demostrar tus músculos moldeados, ¿acaso no te has dado cuenta?

Debemos estar muertos. Hemos confundido nuestros pasos entre cadáveres exquisitos. Creo que me comprendes, pero prefieres llamarme altiva a pensar que también soy una soñadora.

Te apresuraste al crear una imagen demasiado fugaz.

También yo amo las palabras. A veces siento que he rozado un sueño.

Si desconoces los verdaderos significados, prefiero que no utilices el lenguaje de los dioses. Sería demasiado pretencioso. No lo utilices. Las hordas de espectros siniestros vendrían a por ti, una vez más.

Quizá seas demasiado audaz al atreverte a hablar de lo que cambia y lo que permanece. Quizá tengas miedo de moverte para contemplar la posibilidad. No me llamarías infantil si, en realidad, pudieras observarme como un niño. Tal vez mentiste. Los niños mienten a menudo. Pero te entiendo, tengo paciencia, puedo esperar. Es posible que lo desconocido te haga sentir débil.

Te apresuraste al crear una imagen demasiado fugaz.

Tal vez retrocediste a la infancia por unos segundos, solo para ver si soy real, pero al volver con los adultos pensaste que ya no era época de recreos.

Tal vez tengas miedo de moverte.

Yo te invito a que muevas los pies, pero deja el cuerpo en reposo; ese cuerpo tuyo es peligroso, muestra la estela de tu alma. Es un estuche de nácar.

Creo que volvemos a perdernos entre los errores de la apariencia. Dices que soy infantil, pero no basta con crear figuras fantasmagóricas para escapar de la realidad que asusta.

Quizá tengas miedo de moverte para contemplar la posibilidad. No me llamarías infantil si, en realidad, pudieras observarme como un niño. Tal vez me mentiste. Los niños mienten a menudo para sentirse a salvo.

Te propongo un juego en el tablero de la experiencia. No debes tener miedo. Te cantaré nanas para ahuyentar tus pesadillas y, si quieres, jugaremos con las alas de mil libélulas.

Quizá seas demasiado audaz al atreverte a hablar de lo que cambia y lo que permanece.

 

 

 

 

7. Breve cielo

 

 

Breve cielo, no creo que puedas ser admitido en un lugar tan adecuado para el olvido y las largas sombras. Aquí todos están contando el número de escombros que conforman su vida y se les olvida que la sonrisa da plasticidad al rostro y oxígeno a la desgracia.

Me emociona el esfuerzo que hacen las flores en su persistente función y el paso de la experiencia a través del vuelo leve de las libélulas. Parece que casi rozamos en un tiempo infinitesimal el perjurio de la nada. Y, sin embargo, todo es una oportunidad que se renueva diariamente.

Breve cielo, no hagas caso de las voces inconclusas que pretenden ser rotundas. En el fondo del caleidoscopio permanece la misma imagen de mil matices que se diseñó a ras de la nostalgia inveterada.

Todo vuelve a ser lo mismo infinitamente camuflado.

Se diría que oigo el oráculo de lo inservible aunque todos pretendan alcanzar la senda que conduce a la belleza, la libertad y el amor. Pero el ruido de fondo, y nuestra gran mascarada, ocultan lo evidente. No se abren ventanas; no se logra el silencio. La música es una peonía que logra la danza vivaz de los crisantemos juguetones apenas adheridos a una lámpara de nácar azulado. Sabes de qué hablo y por qué intento reconstruir todos los fracasos, una y otra vez, como si tuviera el don de la persistencia.

Todo vuelve a ser lo mismo infinitamente camuflado.

Si pones bajo mis pies una alfombra de musgo nocturno te alcanzaré una o dos estrellas. Pero no dejes de intentarlo. Es mejor esperar en la esquina de la probabilidad al mensajero de lo oculto. Le brillan los ojos y sus palabras son como alas de mariposa con alegres y evocadores pensamientos. Quizá, cuando menos lo esperes, encuentres una respuesta.

Hace frío, pero es mejor para despertar. La tibieza acentúa el rasgo de los olvidos menores. El amor te conduce a los grandes recuerdos y no deja la piel lisiada. Es mejor crear con la conciencia de lo efímero y darle gracias a lo pasajero. Quizá quiera volver mañana.

         Breve cielo, no creo que puedas ser admitido en un lugar tan adecuado para el olvido y las largas sombras. Aquí todos están contando el número de escombros que conforman su vida y se les olvida que la sonrisa da plasticidad al rostro y oxígeno a la desgracia.

No creas que todos pueden comprender mi escritura fractal basada en la iteración continua que se renueva desde dentro.

Todo vuelve a ser lo mismo infinitamente camuflado.

Si quieres que te diga la verdad inventaré todas las mentiras y alentaré los sueños cuando me despierte. Aunque me hagan estornudar las chispas de tu ingenuidad.

Breve cielo, no hagas caso de las voces inconclusas que pretenden ser rotundas. En el fondo del caleidoscopio permanece la misma imagen de mil matices que se diseñó a ras de la nostalgia inveterada.

 

 

 

 

8. Buscando la belleza

 

 

Busca tus palabras. Busca las palabras correctas.

Hazlo una vez más, si quieres.

Solo tienes que mirarte en los bolsillos y consultar las notas de tu cuaderno.

A veces dejas estelas sobre el papel.

A veces es difícil pensar con lucidez, pero no desesperes si has perdido la pista del zorro. Sabes que tienes las palabras correctas.

Solo busca en tu interior.

¿Qué es lo que sientes cuando la música brota de tus dedos?

¿Qué es lo que sientes cuando las palabras crecen dentro de ti?

El tiempo de las buhardillas almohadilladas dio sus frutos, aunque siempre quieras ser demasiado exigente.

Tal vez solo forme parte de tu elegante arrogancia.

Ahora buscas los ojos de Alma en las tabernas de Tulús, en el fondo de un vaso de cerveza, en un paquete de cigarrillos.

Los ojos vidriosos.

Piensas que te esfumaste, quizá.

Sin embrago, te sientes a gusto con las vueltas de tus pantalones y ese sombrero de fieltro verde, caminando de la mano por calles desconocidas visitadas en otro tiempo.

Como escribiendo un cuento.

Persiguiendo lo sutil...

Emocionándote con la música y con el brillo de una mirada.

Describiendo palabras imaginadas.

Buscando la belleza.

El brillo del pequeño desvelo.

Las cuerdas de tu guitarra.

Una caléndula.

Unas caderas de swing.

Caminando por los callejones del tiempo en un país conocido en otro tiempo.

Una historia imaginaria de amor.

Describiendo palabras imaginadas.

Rozando la amabilidad de la calma, sorprendido por un pensamiento en mitad de la noche.

Buscando la belleza.

Busca tus palabras. Busca las palabras correctas.

No desesperes si has perdido la pista del zorro. Sabes que tienes las palabras correctas.

El tintero y el loto azul.

Solo busca en tu interior.

 

 

Bocados pretenciosos

Xavier de Tusalle
Chus Cuesta
Mandala & LápizCero 2008
ISBN: 978-84-936176-8-4
PVP: 15€

 

Pide tu ejemplar antes de que se agote


info@circuloindependiente.net

 

Lanzamiento el próximo mes de noviembre

 

[volver]